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27 de junio del 2000
LABASTIDA, HOMBRE DE ORIGEN Y LEALTADES


A Francisco Labastida la cara, ese rostro tan rubio en la infancia, se le ha ido llenando de arrugas sobre las arrugas, de pielecita plegada sobre los huesos, encima de las huellas. El color se convirtió en palidez, en contraste con las canas grises que piden por el mar, en marco para la mirada de infinitos claroscuros.
Es el mismo, es congruente con aquel que se soñó ser, con quien no habría de ser jamás a ningún precio. Es congruente con todo lo que la vida lo ha obligado a cambiar, a modificar para seguir siendo, para poder ser como quiere ser. Congruencia que cuesta entender.
No es, no hubiese podido ser, aquel que doña Gloria soñó. Fue distinto, mejor, diferente hasta llenarle los ojos de lágrimas a su madre aquella tarde, en aquel templete donde estuvimos inaugurando la palabra discurso, el vocabulario promesa frente al pueblo, en el parque iluminado de naranja. Antes, muchos años antes, tomó su propio camino. Eligió su futuro privado y desafió lo que amorosamente su madre esperaba, hizo a un lado la vida de seguridades y la carrera pertinente para administrar lo que nunca la ha interesado: el dinero. Se atrevió, nunca se arrepintió, tampoco se lo reclamaron en casa. Digamos que el pacto fue sano para todos.
Como en su momento lo fueron otras partidas, otras separaciones y entonces el amor amoroso de sus hijos lo acompañó, lo siguió hasta cubrirlo de nietos y comprensión en todas sus nuevas vidas-aventuras-peregrinajes.
¿Respeta a las mujeres? Sí, mucho, a su manera que es libertaria y subversiva, exigente, en verdad igualitaria lo que también se traduce como una igualdad de obligaciones, de cargas, de responsabilidades. A la mujer la ve como una mitad que debe tener plena participación "sin restricciones, sin ataduras, sin reservas y aun sin miedos, con entusiasmo y esperanza". Agregaría que también las quiere de buen humor, cultas, leídas, frescas, trabajadoras, dispuestas a discutir con calma e inteligencia en toda circunstancia.
¿Es hombre de mujeres? Dejémoslo en que es hombre que gusta mucho a las mujeres.
Su historia no es común. Pero podría ser la de cualquiera. La del esfuerzo si el sentido del vocablo no estuviese ligado a una tragedia política, la de la permeabilidad social, la de la libertad, la de la provincia y las ganas de ser haciendo.
Hijo de una familia. Así, insisto, hijo de una familia que corresponde a los esquemas de su historia, a la tierra pródiga norteña y tropical que es Sinaloa. Que tiene que ver con el amor a la cultura del padre médico, con la sensibilidad para la vida práctica de su madre. Una familia de padres y hermanos que son, naturalmente, solidarios. Que son juntos. Que crecieron para ser cada cual lo que estaba en su destino de uno, de individuo.
Lo común. La vida en Los Mochis, la escuela en los años cincuenta, antes

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