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30 de junio del 2000
LA GRAN LECCION DEL DOS MIL
Hay una, por encima de tantas y todas ellas, una lección que los mexicanos no podremos olvidar después de este dos de julio: la importancia de la comunicación. En todo sentido, por encima de cualquier otra conclusión. Con la infinidad de corrupciones, trucos, honestidades que implica. Comunicación en cuanto motor del voto, de la elección mayoritaria de un destino común que será el de todos. Y ahí, en primer sitio, el dinero. Por tanto, porque paga espacios en los medios de comunicación, porque permite la propaganda de lo que sea, porque crea falsos ídolos, porque construye mitos de papel que pueden inmolar a la sociedad, el dinero es el instrumento del diablo. O de la intención imperialista de cualquier otra nación que pretenda dominarnos. Ese es el binomio contra el que tuvo que luchar Francisco Labastida Ochoa. Guarecido, pertrechado únicamente con su verdad. Con lo que es, conque ha sido siempre, con lo que habrá de seguir siendo el resto de vida. Difícil batalla. En Coatzacoalcos, después de un mitin espléndido que sólo el talento de Carlos Romero Deschamps, su liderazgo cierto, pudo conseguir, ya de regreso al autobús de campaña Francisco Labastida Ochoa hablaba de otra comunicación. De la que vino ganando cada día: la del sudor. Ese sudor a compartir que permite al político convertirse, de verdad, en líder social. El sudor del pueblo que quiere tocarlo, que para Labastida es una energía que da, pero también agota. Un intercambio esencial en la vida política, en la reglamentación del poder como instrumento legítimo de transformación de la sociedad. Porque es el contacto primero, primario, el que permite confiar. Es la comunicación por excelencia, la que igual lleva a una pareja a la cama que vuelca a miles de ciudadanos en un aplauso inmanejable. Ahí, en corto, sin necesidad de los instrumentos, de los "medios", del dinero que dominó esta campaña como enemigo a vencer, Francisco Labastida Ochoa es muy bueno. Excelente dirían quienes los conocen de siempre. Por eso, y por tantas otras cosas, la confianza en el triunfo. Pero la magia del contacto visual, corporal con el ciudadano no es fácil de repetir en los medios de comunicación. Y, habrá que ser francos al respecto, Francisco Labastida -además- no ha contado con un equipo eficiente, de excelencia en ese ámbito. Valga la redundancia del recuerdo, del presente que es recordar a veces, para Ignacio Lara. Como nos ha hecho falta, como lo ha necesitado Francisco cada día de su campaña presidencial. Así, insisto en la puntualización, la lección a no olvidar será la comunicación. Y, obviamente, quién paga por qué. Quién está detrás de quién, con qué intenciones. Ahí tendrá que cambiar mucho, si se quiere proteger al país, a los mexicanos de cualquier amenaza de la edad moderna. Por otra parte, es
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