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3 de julio del 2000
LA SONRISA DE CARLOS


La sonrisa mayor, inmensa, pertenece a Carlos Salinas de Gortari. Si alguno, él es el ganador de la elección presidencial. Por tercera vez, ya que los diecisiete millones de votos que recibió Zedillo se los debe, lo que merece una novela escrita por Mario Vargas Llosa, a lo menos.
El señor expresidente de México estuvo, siempre, detrás de la candidatura de Vicente Fox. Con su dinero, tanto. Con su fuerza, inmensa. Pero sobre todo, con su talento político que no tiene descripción ni paralelismo.
Al servicio del candidato panista, a sus pies, puso la debilidad de Ernesto Zedillo, responsable en gran medida de la derrota de su partido. Fraguada desde el primer día de su gobierno como una forma de pasar a la historia.
Esa es la lectura obligada del resultado de la elección presidencial del domingo pasado. Hubo, definitivo, un voto de castigo. Contra la incapacidad presidencial, su error inmenso de diciembre, su intencional marginación del ingreso de las clases medias y pobres, su falta de comprensión política de la realidad nacional. Pero sobre todo hubo un voto, magnificado en las urnas hasta el infinito, de rechazo a la persona de Ernesto Zedillo.
Poco significa que ahora el mandatario eche las campanas a tocar, que se ponga de rodillas para entregar el gobierno, el Estado Mexicano, a la reacción. Nada podrá abonarse a su favor. El enemigo mayor del PRI, de Francisco Labastida Ochoa fue el primer mandatario. Su disposición enferma para entregar un poder que no supo entender y menos ejercer. Ya no digamos defender para los suyos.
Sobre eso, tanto, operó el expresidente Salinas de Gortari. De ahí que fuese invencible Vicente Fox. No por las botas ni por las expresiones de pueblo, menos por las agresiones permanentes a principios liberales, sino por la debilidad del mandato presidencial, por los errores de Zedillo, y por la complicidad-apoyo del expresidente que demuestra que sabe que la venganza es un plato frío.
Aunque el país se lo lleven entre las patas. Que es la manera más amable para describir lo que hemos vivido, lo que podemos comenzar a experimentar en pocos meses, en especial a partir de diciembre.
¿O es que, a estas alturas de la historia, hay algún ingenuo que no se haya percatado de que la verdadera personalidad de Vicente Fox es la que vimos millones frente a las pantallas de televisión en la negociación del debate? Ese es el rostro de intolerancia que habremos de padecer los próximos años, gracias a sus asesores, a Salinas de Gortari, y también a los errores internos del PRI, a las graves incapacidades internas en el equipo de Labastida Ochoa.
Contra la tradición mexicana de tantos años, frente al legado liberal de quienes "nos dieron patria", en la mejor traducción de la expresión, ganó la derecha extrema. El poder de la alta jerarquía católica, los restos

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