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5 de julio del 2000
EL PECADO DE ZEDILLO
El principal pecado de Ernesto Zedillo es la ignorancia. Que está acompañado de una soberbia inmensa. A continuación el PRI, que no su partido conste, debe reclamarle la suma inmensa de errores a partir del primero diciembre de 1994. Y, vaya, que es larga la lista. No sólo en los alfileres desprendidos. Lo que vendría a explicar en buena medida el voto de castigo al PRI. que tanto fomentó y ha aplaudido el primer mandatario pensando, insisto, con perfecta candidez (¿sería demasiado decir estupidez?) que la historia se pondrá de rodillas frente a su esfuerzo democratizador. Pocas voces pueden salir en su defensa. Y estas no están dentro del PRI, por lo que los gritos en su contra apenas han comenzado. Aunque lo importante sería, con honestidad, preguntarse qué se hubiese podido esperar de Ernesto Zedillo Ponce de León, doctor en economía, forzado a convertirse en Presidente sin entender ni asumir jamás el poder. Desde el error de diciembre que destruyó una economía aparentemente fuerte, hasta la inmoralidad de Fobaproa que tuvo que cargar a sus espaldas Francisco Labastida Ochoa, pasando por la elección interna del PRI que tanto desgastó los usos y costumbres del partido, culminando en la cancelación de la universidad pública, el desmantelamiento del sistema político estuvo acompañado del empobrecimiento de millones. Zedillo ha sido un hombre a quien la vida, la circunstancia trágica del asesinato de Luis Donaldo, la disciplina infinita de Fernando Ortiz Arana, colocaron en la candidatura presidencial de un partido político al que despreciaba profundamente. Eso es lo que ha imperado. Así como ha prevalecido su odio, su rencor enfermo contra Carlos Salinas de Gortari. Supongo que provocado por haberlo obligado a ponerse una banda presidencial que le quedó, siempre, pequeña. Que no estaba en sus sueños, menos en sus capacidades. Porque fue Carlos Salinas, Presidente fuerte si los ha habido, quien ganó la elección presidencial para el PRI, para Zedillo. Lo que el mandatario jamás supo entender, no se diga agradecer con un mínimo de lealtad. No hubo 17 millones de votos a su favor, sino una elección de estado bien manejada. El presidente incómodo, sin capacidad mínima de lealtad, hombre de chistes nefastos, es el Ernesto Zedillo al que vituperó con fuerza moral, con apoyo de miles, diría millones de priístas Manuel Bartlett. Lo que ayer se vivió en el seno del PRI es el principio de la gran crisis interna. Que no puede, ni debe ser descuidada por los mexicanos. Menos aún por aquellos que desde su cómoda posición de triunfadores han comenzado a dictar lecciones al PRI. Simplemente porque no es asunto que nos pueda ser ajeno, no en cuanto a los más de trece millones de votos, a los gobernadores, a los senadores, a los diputados emanados de ese partido. Entre
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