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7 de julio del 2000
LA INSANA COSTUMBRE DE RENUNCIAR DE DOÑA DULCE


No es la primera vez que recurre al tema. Más bien parecería terquedad en la señora Sauri su insana costumbre de renunciar "por dignidad". A veces lo hace por fax, otras con la tambora atrás causando el infinito desastre de estos días.
Con su conducta, de ser cierta la reiterada versión de que fueron de motu propio a Los Pinos para entregar su renuncia, la dirigente del PRI consiguió quedarse en un sitio donde no existe, no ha existido desde el primer día. Como la figura de paja más cara de la historia del país.
Sin embargo, dado el desastre posterior a la derrota mayor, era la única opción. Tan amolados quedaron los priístas.
Un elemental recorrido por las interpretaciones publicadas permite, absolutamente, creer que lo cierto es que a la salida de Dulce María y el comité ejecutivo del PRI, el Presidente de la República "ordenó" que el sucesor fuese Jesús Murillo Karam. No se advierte lógico que la "orden" proviniese de Francisco Labastida Ochoa, a quien el doctor Zedillo ya le había quitado a José Antonio González Fernández sin acceder a su reiterada petición en contario.
El solo hecho de meter la mano, sin la mínima sensibilidad, en el cambio de dirigencia del PRI es grave. Pone, una vez más, en evidencia la incapacidad política que tiene el señor que todavía nos gobierna. Que además esto sucediese sin tomar en cuenta a los gobernadores, a los grupos contrarios, a los adoloridos precandidatos presidenciales, a los expresidentes del partido, a todos los que sí tienen voz dentro del PRI es de una ignorancia supina, salvaje, inmoral, imperdonable a estas alturas del sexenio.
Y eso fue lo que sucedió. Pese a que los dueños de información privilegiada insistan, como si uno fuese niño de pecho, en dar otra versión de lo que sucedió. Intentar salvar a Ernesto Zedillo de sus manicomiales errores políticos es un ejercicio digno del absurdo.
José Murat encabezó la subsecuente toma de posesión de la oficina de Dulce María, para evitar que renunciase. No por su capacidad, sino para evitar la llegada de Jesús Murillo Karam.
Si éste no hubiese sido ya nombrado, por el primer mandatario, por Labastida, por todos juntos, no hubiese habido la mínima necesidad de este ejercicio de poder.
¿Por qué José Murat? De entrada por ser como es, con todo lo que significa. Por tratarse de un militante de toda la vida, que ha recorrido todas las posiciones internas, que conoce el partido mejor que su casa. Que es gobernador constitucional, que ganó las elecciones presidenciales y demás en su entidad, que se ha enfrentado al poder del centro, que está profundamente enemistado con Diódoro Carrasco que podría estar detrás de su exsubsecretario Murillo Karam, y sobre todo porque Murat es amigo de Roberto Madrazo.
De eso trata todo.
De la fuerza de una corriente cierta, real, fuerte dentro

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