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12 de julio del 2000
EL HUMOR INVOLUNTARIO EN LOS PINOS
¿Querrá cobrar horas extras el doctor Zedillo? Porque eso de trabajar, aparte de las labores propias de su encargo, por la gobernabilidad del PRI parecería exagerado. Ya bastante tiene diseñando blindajes y protecciones financieras para el próximo mandatario. Para no mencionar todo lo que ha intentado simplificarle su llegada al poder, pasando por las recriminaciones adelantadas a los integrantes del nuevo Congreso. La reunión del martes en Los Pinos, larga y plena de enfrentamientos, con los gobernadores de su partido lo dejo en una orfandad peor. No es gratuito que se hable del apoyo indispensable de la todavía oposición panista para terminar su sexenio. Por más que se intentó disfrazar de acuerdo civilizado esta reunión, que se pretendió convencer a la opinión pública de que había consensos y que los mandatarios estuvieron de acuerdo en el rumbo que debe tomar el PRI, lo que permanece es como se refirieron a Ernesto Zedillo los voceros oficiosos y oficiales: "activo fundamental" del partido. Ya no líder moral, dirigente, o responsable del PRI. Simplemente uno más de los activos fundamentales, tan útil como la estatua de Plutarco Elías Calles... No sólo eso, la presencia de José Murat en Los Pinos, por haber sido citado de manera exclusiva y antes de la reunión, sirvió para incidir en la agenda pendiente. En la negativa de varios gobernadores para aceptar una imposición en la dirigencia del partido. De ahí que trascendiese, junto con la actitud aparentemente disciplinada de René Juárez, Fernando Moreno y Tomás Yarrington, que hubo un absoluto desacuerdo con lo que habrá de convertirse en una corriente disidente: los gobernadores de Oaxaca, Tabasco, Sinaloa, Chihuahua, Campeche, Quintana Roo y Yucatán. En los hechos, de inmediato, se acordó la salida de todos los miembros del Comité Ejecutivo Nacional del PRI. Y permanece confusa, para decir lo menos, la labor que habrá de desempeñar un consejo consultivo formado por los expresidentes del partido. Lo cierto es que el mandatario no logró, ni en días anteriores ni en esta junta cumbre, imponer a los nuevos dirigentes del partido. Que, de acuerdo a lo ahí expresado así como a la conducta presidencial magnificada en los medios de comunicación, serían un voz baja, disciplinada, dócil a las imposiciones del nuevo gobierno encabezado por Vicente Fox. Eso es lo que realmente está en juego. El doctor Zedillo ha optado por entregarle de manera anticipada y absolutamente complaciente el poder a Vicente Fox. Lo que parece no conseguir, no al menos de la forma que mejor conviene a sus intereses, es la subordinación del PRI. Por su parte Francisco Labastida Ochoa fue muy claro al afirmar que la dirigencia del PRI no es parte de su proyecto de vida. Con lo que, por segunda vez, no está en condiciones de llegar a esa posición. Se
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