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13 de julio del 2000
LAS RAZONES INTERNAS DEL FRACASO
La explicación pública, que también puede valorarse como exculpación particular, de Adolfo Orive es un documento esencial para entender las razones del fracaso de la campaña presidencial priísta. Se trata de la detallada enumeración de errores graves, absurdos, catastróficos que nos llevan de la mano hasta los resultados del pasado dos de julio. La voz interesada de quien fuese jefe de asesores de Labastida Ochoa en Gobernación, artífice de la política oficial en Chiapas, cercano colaborador en la campaña presidencial va mucho más allá de la catarsis personal. Debe ser bienvenida como parte de la nueva democracia, de la autocrítica que tanta falta le hace al partido. Lamento profundamente que este análisis no haya sido leído en su día, porque seguramente Orive pensó igual durante mucho tiempo, por Francisco Labastida Ochoa, tal vez otra hubiese sido su suerte. Lo hubiesen engañado menos. Porque eso hicieron, cercarlo, engañarlo, destruirlo por ambiciones de poder absolutamente personales. "Hubo quienes trabajaron para que Labastida ganara el 2 de julio y quienes trabajaron para ganarse a Labastida antes de esa fecha, como si la elección ya hubiera estado ganada. Demasiadas energías fueron desperdiciadas en ganar espacios internos. , demasiada gente no tuvo acceso al candidato porque su cercanía estaba copada" afirma, en una larga enumeración de hechos, Adolfo Orive en el diario Excélsior del martes 12 de julio. Esto no es nuevo, hasta el cansancio se habló, se escribió sobre el particular. Las quejas de los políticos, de los funcionarios públicos, de los amigos que quisieron ver a Francisco Labastida desde su protesta como candidato presidencial fueron tan abundantes como inútiles. Hasta que ya nadie intentó romper ese cerco, impenetrable, que le construyeron quienes ya se habían repartido el supuesto botín del triunfo. Supongo que Orive ser refiere a Emilio Gamboa, a Esteban Moctezuma, a Jorge Alcocer, a todos en conjunto. Al menos eso se desprende al no hacer un señalamiento particular. Sus palabras son la biblia, lo saben muchos que fueron víctimas de esta política de exclusión. Sin embargo habría que ponderar, porque fue responsable en grado superior, al secretario particular Manuel Cárdenas, que Marcos Bucio dejo "encargado del despacho". Una mañana, valga el ejemplo personal, al prender el teléfono celular encontré cuatro recados del entonces candidato presidencial. Le urgía hablar conmigo pasadas las once de la noche anterior. Me comuniqué con su secretaria privada, Rosa Marina, ella sí una espléndida colaboradora y mejor persona, las llamadas las habían hecho del coche, precisamente el señor Cárdenas. ¿Por qué no marcaron los números telefónicos de mi casa, tres líneas desocupadas a esa hora, donde obviamente debía encontrarme al estar mi celular apagado? La
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