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15 de julio del 2000
LA PREMONICION UN AÑO ANTES


Esta columna la escribí, y fue publicada, hace más de un año. Exactamente el 29 de junio de 1999. Si no hubiese algo de vanidad en ello la calificaría como premonición. Lo importante, por eso insisto en repetirme, es que suscribo cada palabra de lo aquí expresado. Con la diferencia, ingrata esta vez, de que la realidad ha venido a darme la razón.

Nos hemos quedado tan solos que hasta los espejos deben cubrirs, para no asustarnos con el reflejo propio, como en aquellos lutos antiguos. Solos frente a los enemigos de casa, a los traidores profesionales, a los oportunistas convertidos en "jefes de campaña", a los francotiradores, a las busconas envejecidas, a los "imaginolos" estúpidos y ahora hasta la exesposa. Como si no tuviésemos bastante en la casa de Chapultepec, como si no fuese suficiente con la fauna del Sureste.
¿Quién está de lado, al lado, detrás, junto a Francisco?
¿Es que vamos, en un plural que conjunta lo bueno, lo sano, lo impecable y honesto de la política, a perder?
¿Quién levanta la mano sin miedo?
Yo. Y me siento absolutamente singular, distinta, diferente del resto de mis compañeros. Equivocada en lo conveniente, errada en lo oportuno, sin venderme en el momento correcto y por cantidad tan elevada que no tendrían conflicto mis acreedores.
Eso, lo gritan los espacios de televisión, las voces intencionadas, los análisis serios, sería lo correcto.
Porque hoy, tan asombroso, la apuesta es en contra de Labastida Ochoa.
¿Por qué? Porque no es amigo de Carlos Salinas de Gortari, ni socio de Cabal Peniche, ni cómplice de los grandes señores de la droga. Porque no sabe mentir ni jugar sucio ni recibir consignas. Porque no es el candidato de Ernesto Zedillo que le dijo, me lo han repetido hasta el cansancio más infame, que "cualquiera podía ganar" al tabasqueño.
¿Por qué va a perder Labastida Ochoa? Porque no hace compromisos, porque está rodeado de los peores, porque no quiere romper con Zedillo, porque no sabe de la incongruencia ni de los dobleces, porque tiene cerca a la hija de su peor enemiga, porque no paga a los columnistas, porque no recibe a los caciques pero tampoco a los que debe, porque no quiere romperle la madre al PRI, porque Fernando Gutiérrez Barrios no entiende, porque lo dejan solo en todas las oficinas de su partido, porque se escriben y aplican tantas reglas únicamente en su contra.
Y, sobre todo, porque sus hermanos no han pagado las tenencias de sus coches ni sus prediales.
¿Habrían pecados mayores?
Perdón, se me olvida Paloma. Es decir, la hija del amor que sus hermanos han aceptado. Y las mujeres, y las pasiones, y la risa, y las canas y las ganas de vivir también.
Eso sin decir el talento. Porque ahora, basta abrir los ojos, la inteligencia es imperdonable. Seamos palurdos de discurso fácil, cristeros a destiempo,

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