Periódicos
Nacionales
Crónica
El Economista
El Financiero
El Sol de México
El Universal
Excelsior
Heraldo de México
La Jornada
Milenio
Novedades
Reforma
Unomasuno
Medios Internacionales
ABC News
America Online
Associated Press
BBC
El Pais
Financial Times
New York Times
Wall Street Journal
Wall Street Journal (español)
Washington Post
USA Today
WIRED



Imprimir esta columna
2 de agosto del 2000
LABASTIDA SIGUE RODEADO DE SUS PEORES ENEMIGOS


Otra vez, ante las declaraciones del "fiel" secretario particular, hay que preguntarse: ¿Había necesidad?
Una vez más, como tantas durante los largos meses de la campaña electoral, surge el cuestionamiento: ¿Qué necesidad tiene Labastida Ochoa de permitirle a sus colaboradores actuar como sus peores enemigos? Más allá de una enfermedad mental, que francamente a estas alturas de la historia raya en el masoquismo, nada justifica que Francisco sea el rehén de las intenciones de quienes lucran con su cercanía.
Exactamente en el momento, último día del fatídico julio del año 2000, en que la confusión impera en las oficinas del PRI nacional, cuando la posibilidad de que Francisco Labastida Ochoa como sucesor de la señora Sauri ha logrado encrestar aun más los intereses encontrados, se le ocurre a su secretario particular, Manuel Cárdenas, con la complicidad criminal de Marcos Bucio dar una entrevista para anunciar -ni más ni menos- el regreso del gran perdedor.
Si fuese intencional, si se pretendiese golpearlo políticamente, colocarlo en una situación de vulnerabilidad total, no hubiesen podido acertar más.
De inmediato, como si su imagen pública no estuviese ya lo suficientemente desgastada, surgieron los comentarios en contrario. Las expresiones que le cierran la puerta del PRI, pero no sólo esa. Porque es su prestigio, su fuerza moral la que deterioran con el pésimo manejo político.
No son, definitivo, tiempos para declaraciones de Labastida Ochoa. Menos todavía para anuncios que pretenden ensalzar su capacidad de "hombre de Estado", o su prudencia. Justamente eso, prudente, es lo que no está siendo. O, prefiero creerlo así, es la cualidad que no demuestran las declaraciones de sus colaboradores.
Ellos, no sólo Bucio y Cárdenas, son lo que están desesperados. Los que no encuentra acomodo para su frustración política, pero también son quienes no han podido asomarse al mar inmenso de su responsabilidad, de la gran cantidad de errores cometidos durante los meses en que tuvieron en sus manos el destino del país, o por lo menos la opción de.
Desde el día siguiente a la gran derrota los expresidentes del PRI, personalmente un hombre que toda su vida ha dado -él sí- lecciones de mesura, Jorge de la Vega Domínguez, le hicieron saber a Francisco Labastida Ochoa que no tenía una pequeña posibilidad de convertirse en el líder del partido. Por el bien de todos, pero sobre todo del partido. Con suavidad insistieron en que éste no era el mejor tiempo para un papel protagónico.
Era obvio. Labastida Ochoa perdió. Punto y aparte. Perdió todo, de todas las maneras posibles, menos sus ideas y sus ideales como él mismo le asegurase a Joaquín López Dóriga en la única entrevista que ha concedido.
Para que estos principios, que han marcado la vida pública así como la privada de Francisco,

< pag anterior | Página 1 | pag siguiente >

   
Todos los derechos de autor reservados por Isabel Arvide.