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4 de agosto del 2000
LOS HUEVOS DE MURILLO KARAM



Primero fueron las cartas.
Luego vinieron las metáforas como elemento esencial de la evangelización. Sin embargo, faltan los apóstoles. Y no se diga los profetas.
Como milagro del nuevo milenio, que puede atribuirse a san desesperado, el licenciado en leyes Jesús Murillo Karam decidió, al mes de la gran muerte, decir todo lo que le dio su muy reverenda gana.
El ejercicio en sí mismo es de un gozo contagioso. Tantos años callado, cumpliendo los papeles que las buenas conciencias le fueron asignando puntualmente, la explosión verbal tiene mucho de liberación. Y, definitivo, provoca a la más profunda admiración.
Sus ríos de palabras tienen que ver con un proceso de duelo que no ha sabido vivirse al interior del PRI, con una obsesión por la comunicación que los tecnócratas al servicio de su exjefe Ernesto Zedillo y también de su todavía amigo Diódoro, no podrían compartir.
Porque en un principio fue la palabra. Y las cosas sólo existieron en cuanto fueron nombradas. Por tanto la gran ausente durante las primeras cuatro semanas, de confusa cólera y subterránea rabia, habría sido la palabra.
Gracias a su valioso exabrupto publicado en todos los diarios del miércoles dos de agosto, el resto de los mexicanos que no sabíamos qué había pasado escuchamos de los huevos.
Eso fue todo.
Un asunto de señores que, con tan poco conocimiento de las artes culinarias y sucedáneas, olvidaron como se hacen los pasteles.
"Se repartieron la leche, los huevos, la harina, y después no hubo con qué hacer el pastel" sentenció con la mayor seriedad quien fuese gobernador de Hidalgo, quien ha venido remontando todas las antesalas y también protagonizando todos los escalones del poder priísta. O sea, uno que sí sabe quiénes fueron los responsables.
Que ahora podemos nombrar como "ladrones de huevos".
O sea, en buen español, que al PRI lo desmadraron porque llegaron unos fuereños, unos que no sabían de qué lado masca la iguana, hasta el recinto privado donde se preparan los pasteles y se robaron, para usufructo e ilegal consumo propio, los huevos.
También la harina y la leche.
Los seudo pasteleros se repartieron entre sí el botín, para colmo de males. Y luego vinieron los resultados del pasado dos de julio, o sea la "despastelada" mayor que todavía los tiene llorando, a pasteleros y ladrones, pero también a millones de mexicanos.
Por lo pronto, con estas declaraciones quedó demostrado que en el PRI sí existe el sentido del humor, que la capacidad de burlarse de sí mismo es parte de la inteligencia del ser humano, y obviamente también de su intento de recuperación.
Ya sin pasteles, ni huevos, ni tampoco leche... como afirmó Jesús Murillo Karam, ¿qué sentido tiene seguir jalándose...? Como dicen en mi pueblo, jalándose del chongo, conste. Porque ese sigue siendo la ocupación habitual

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Todos los derechos de autor reservados por Isabel Arvide.