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7 de agosto del 2000
EL PRI SIN HUEVOS .
Así, con todas sus letras, ¡que ganas de que el PRI fuese un partido político¡ Con eso sería suficiente. Bastaría para que se convirtiese en verdadera oposición. Como lo fue tantos años el PAN, como en algún momento existió la esperanza de que llegase a ser el PRD. El trabajo político para destruir a Vicente Fox, sale sobrando. Es suficiente con el tiempo. Y conste que ni siquiera ha tomado posesión como mandatario. Que, supuestamente, estaría en la cúspide de la popularidad. En cambio unas cuantas semanas le han bastado para asegurarle a la población, incluidos los muchos millones de mexicanos que creyeron en él, que su gobierno dista años luz de sus promesas de campaña. Sin ir más lejos, ni siquiera se reconoce a Vicente Fox dentro del uniforme rígido del poder, de la misma estructura plena de limitantes que tanto daño hiciera a sus dos contrincantes formados en la disciplina institucional. El nuevo Fox es ya un hombre de poder que sabe de las fiestas de guardar, de la necesidad de ofrecer disculpas públicas (lo que parecería ser su único deporte a practicar), pero sobre todo de la realidad. Y de sus compromisos con quienes, en verdad, lo hicieron Presidente de México. Que no son, aunque ellos hayan votado, sus seguidores. Y sí son intereses mucho más fuertes, incluidos los econométricos que aparentemente abominaba como candidato. Con Fox es suficiente para destruir su imagen política y su popularidad. Con sus declaraciones contra el programa de defensa del deudor, con sus amenazas de aumentar el IVA a las medicinas y alimentos. Con su reiteración de bajar impuestos a los automóviles de lujo. Con sus invitados especiales. Con sus colaboradores como Porfirio Muñoz Ledo que, simplemente, es la escoria del sistema político mexicano y Francisco Molina, responsable del caos y la violencia que todavía imperan en Ciudad Juárez, de la impunidad de secuestradores, de la falta de investigación sobre desaparecidos y mujeres cobardemente asesinadas. Con esto sería suficiente para una campaña de fortalecimiento de cualquier partido de oposición. Pero sucede que el PRD sigue instalado en sus pleitos históricos, discapacitado para convertirse en una fuerza política como hace meses pero también como hace varios años. Es decir, sin ninguna esperanza de cambio. Y el PRI, se encargó de decirlo Jesús Murillo Karam, es un partido al que dejaron sin huevos y sin leche. Como aseguró textual. Enfrascado en una lucha fratricida que va más allá de lo temporal, en una guerra de carteros y recaditos firmados, en una confrontación cotidiana propia del lavadero de una vecindad, el PRI está dejando pasar todas las oportunidades que la historia le está dando después de su gran derrota. En cambio, justo cuando era necesario otro carácter, se muestra ante el ciudadano que ha comenzado
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