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8 de agosto del 2000
EL MAS VIEJO RITUAL POLITICO RENACIDO


Campeche,, Campeche.- De pronto el pasado se conjuga en presente. Cuando fuera, en esa realidad que lesiona puntualmente en todos los espacios de los medios de comunicación, la destrucción es constante. Y la amenaza estremece a cualquier estudioso de Juárez, a quien quiera que haya creído alguna vez en su vida en aquella expresión del respeto al derecho ajeno.
Un pasado ritual y poderoso que se antoja homenaje a la clase política, recordatorio de todo aquello que un día, no hace tanto tiempo, fue esencial. Forma que, sobre todo en asuntos del poder público, es fondo. Simplemente un Informe de Gobierno, a la vieja usanza. Aquella de los gobernadores que solían tener control sobre su entidad, que podían leer de obras y dar mensajes a quien correspondía con valor.
Tan sólo eso. Que en estos días desolados y plenos de orfandad para los priístas, es un grande mucho. Un grande decir que sí, que en el sureste la verdad es otro.
Y de eso, de sus verdades cotidianas y comprobables, vino a hablar el gobernador de Campeche Antonio González Curi.
Escucharlo, vaya que vengo de vuelta de tantos actos, que junto a mí estuvo sentado Rafael Rodríguez Barrera que hace veinticinco años me mostraría lo que era un rancho grande, un territorio donde todo estaba por hacer, fue un ejercicio esperanzador. Si algo, en cualquier escala, puede serlo frente a las graves advertencias del ya Presidente electo sobre cambiar la política exterior mexicana que ha sido motivo de orgullo por muchas décadas.
González Curi habla para su pueblo, pero también para sus invitados gobernadores del sureste. Es decir para quienes todavía habrán de gobernar bajo las siglas priístas, con un sólido contenido social que igual se traduce en desayunos gratuitos que en obras de esencial urgencia en las pequeñas comunidades. Aquí, no podía ser de otra manera, no hay espacio para el neoliberalismo ni la macroeconomía.
Sí existe, en cambio, una transparencia extrema y bienvenida. González Curi, se advierte tan poco desde el centralismo del poder político, es un hombre sencillo. Eso que es tanto, que quiere decir su capacidad de llorar públicamente en algún momento de su discurso, de su cuidadoso y hasta reiterativo recordatorio de lo hecho. Pero sobre todo, por eso las lágrimas supongo, insistente compromiso con su terruño.
Que quiere decir, como hace todos los años del mundo, por lo menos los treinta que tengo de recorrer la geografía política de la Nación, una vocación profunda con su sueño, con lo que se anheló desde la primera juventud: gobernar Campeche.
Y eso, sólo eso, es lo que hace. Lo que ha hecho Antonio González con una emoción tan poco usual que no podría ser sino auténtica. En una medida peligrosa, dadas las circunstancias de principio del nuevo milenio.
Abajo, entre lo que siempre ha sido llamado "las

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