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11 de agosto del 2000
DEL CHAYO Y OTRAS DELICIAS EN TIEMPOS DE ESPINOSA VILLARREAL.
Hasta la gente de Samuel del Villar ha tenido que admitir no tener idea sobre el destino de los 420 millones de pesos que han dado orígen a la acusación contra Oscar Espinosa Villarreal. El supuesto peculado fue, en realidad, una transferencia presupuestal por dicha cantidad. Cubierta bajo el rubro de gastos de prensa. No era, imposible dados los manejos de esa dependencia, la primera en su tipo. Por el contrario, de acuerdo a las costumbres establecidas de siempre en la oficina de Amado Treviño, verdadero responsable de todo el enredo, lo que nunca dejo de existir fue dinero para pagarle a los periodistas. ¿Pero en verdad fue para los "Chayos"? El embute para los reporteros recibe popularmente el mote de "Chayo", dicen los que saben o guardan memoria al respecto, porque ese era el diminutivo del nombre de una secretaria que, en tiempos de Ruíz Cortines, a su vez era responsable de entregar los sobres con el sobresueldo a quienes cubrían la fuente presidencial. La costumbre se mantuvo por muchos años en diversas oficinas del sector público, en parte por los bajísimos sueldos de los periodistas, aunque también como un instrumento para la manipulación informativa, a veces (conste) hasta para comprar conciencias. El anecdotario respectivo es inmensamente rico. Va desde aquella expresión de que había que recibir todos los sobres que "no corrompiesen", hasta la adjudicada popularmente a Pedro Ocampo Ramírez, un respetable periodista de la vieja guardia ya muerto, donde aseguraba haber estado distraído en el momento de la entrega de los "Chayos" y por tal motivo se había corrido la voz de que "no aceptaba". Lo cierto es que este manejo irregular de cuotas monetarias para la prensa, siempre sin comprobante, se ha prestado a que se enriquezcan jefes de prensa. A que en su nómina, fue el caso del gobierno de Oscar Espinosa Villarreal, se pongan a empleados domesticos, choferes, amantes, secretarias, jardineros y hasta hermanos de las novias en turno. De ahí que la nómina respectiva fuese tan grande, al mismo tiempo que la imagen pública del hoy desaparecido exregente tan pobre. O sea, para que nos vayamos entendiendo, que la lana nunca llegó a quienes dijeron que tenía que llegar. No es el único caso, sí el más notorio en tiempos de cambio. Cuando las costumbres oficiales son distintas, pero sobre todo los sueldos han mejorado en algún nivel, los mismos medios de comunicación son intolerantes a prácticas de corrupción de sus colaboradores, y los periodistas tienen otra formación. De ahí que lo irremontable en el caso de Oscar Espinosa Villarreal sea la explicación sobre el verdadero destino de los millones de pesos que se les han perdido. pero a todos. En este todos hay que incluir, en primer lugar, a los periodistas. Ojalá, por el bien de todos los mexicanos, se les ocurriese
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