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13 de septiembre del 2001
LA CRISIS DE CREDIBILIDAD DE LA EXPROPIACIÓN AZUCARERA


No hay que distraerse, no todo son aviones estrellados en Nueva York y Washington.
Cuando a finales de su sexenio, en una de las últimas giras de 1976, el entonces Presidente Luis Echeverría Alvarez escuchó la pregunta de Graciela Leal, reportera de Televisa que había sido una de sus "consentidas" durante su gobierno, no pudo ocultar su enojo monumental. Era un insulto, una ofensa mayor el planteamiento frente al micrófono : "¿Existe una crisis de confianza ?".
Ese era el calibre, la significación extrema que se le reconocía a la confianza como factor indispensable del sistema político. Al mandatario político, en pleno control del poder hasta el postrero minuto de su tiempo sexenal, y puede que hasta después de terminado éste, no se le podía cuestionar el tema.
Hoy, como piedra que puede arrastrar todo al peor de los abismos, la crisis de confianza en el gobierno, en los gobernantes, en los políticos, en la palabra oficial no puede ser más grande.
Responsabilidades, y muy mayores, de esto recaen sobre los que tiraron piedra sobre piedra contra la institución presidencial. Tal vez sin darse cuenta del daño sin atenuamiento posible. Durante años, los recientes en especial, los mexicanos hemos escuchado hasta el cansancio que la corrupción más grande está en las oficinas públicas, hemos presenciado como los funcionarios se burlan aparentemente de las disposiciones oficiales para evitar los malos manejos económicos, hemos sabido de las sospechas, de las acusaciones sin fin sobre complicidades en magnicidios, hemos presenciado que la familia más cercana, el hermano del primer mandatario para ser exacta, es encarcelada acusada de asesinato . . . ¿Cómo se atreven, a partir de estas realidades que no descubrimos sino que nos fueron restregadas en el rostro a partir del mismo gobierno, a pedirnos que confiemos ?
Ese es el verdadero nudo irresoluble de la expropiación azucarera.
Muy pocos mexicanos pueden comprender de qué trata. No hay forma en que cabalmente podamos imaginar la trascendencia o los riesgos o las opciones o los alcances o todo a la vez, de un "rescate azucarero" de esta envergadura.
Y consiguen su cometido de inmediato, sin que haya voces disidentes con fuerza moral, mucho menos después de la exhibición que se hiciera de la "estrategia de comunicación oficial". Si a eso, tragedia grande para el gobierno, le agregamos la oportunidad en dar a conocer nombres, justamente los nombres que el pueblo quiere oír, los de los cómplices del ordeñamiento de los ingenios, los de los empresarios que abandonaron a la industria, los de los interesados en favorecer a empresas refresqueras -una en específico- con la expropiación.
De antemano la batalla está ganada. La expropiación azucarera habrá de pasar a la historia como uno de los problemas políticos más graves, más imbricados de los tiempos modernos.
En el fondo lo que ha ganado está guerra, seguramente sucia pero válida, para la oposición es el propio PRI. Y los gobiernos de años recientes, tanto como el actual. No sólo con sus hechos, con sus conductas sino con la magnificación pública de estas. Quienes provocaron, aumentaron, se gozaron en la gran crisis de confianza institucional que padecemos fueron quienes hoy se saben ya sus víctimas.

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