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11 de febrero del 2003
LOS TIGRES DEL NORTE EN CANCUN
ATERRADORA IMPUNIDAD DEL NARCOTRAFICO

CANCUN, Q. ROO.- La muchas toneladas del equipo de sonido no son equivalentes, no pueden ser mencionadas como símil del tamaño de la impunidad. Frente a un auditorio absolutamente transculturizado, en la mayor invasión de "gente del Norte", en la abundancia de botas, hebillas, sombreros y nostalgias que nada tienen que ver con el Caribe, la canción del "Jefe de Jefes" tampoco alcanza para ejemplificar. En Cancún se vive un fenómeno de impunidad todavía mayor a los miles de jóvenes y mujeres que se dieron cita en la explanada de un estadio para escuchar a "Los Tigres".
La verbena popular, cerveza en una mano y querencia en la otra, fue una gran romería que, simplemente, vino a definirnos quién manda en verdad en esta parte del país. Quien vive en mansiones sin ser molestado, quien tiene el control del piso, de la plaza, quien sigue paseándose tranquilo por estas calles.
Quien, sobre todo, controla la economía con la venta de droga. Con las bolsitas de cocaína que a cien pesos se pueden conseguir en cualquier sitio. Con los desembarcos nocturnos en cualquier playa, de Tulum a las reservas ecológicas de los amigos del Presidente de la República en turno. Con las salidas de droga en camiones de constructoras, debajo del cascajo que supuestamente sacan de los fraccionamientos del hijo de Carlos Hank González en Isla Blanca.
El señor delegado de la PGR, que llegó después del arraigo del anterior, de Ricardo Rodríguez Orozco, aquel tipo de tan ingrata memoria que casualmente dejará ir a Clemente Soto, al dueño de la pistola con cachas de brillantes, ya se va. Sin haber quitado siquiera la vieja costumbre de las madrinas. Recién cambiaron al mando militar de la Guarnición. Antes fue presentada una nueva fuerza policíaca interinstitucional por el gobernador que saben mucho de rappel, de técnicas modernas de seguridad pero tampoco se enteran del comercio local de droga.
Ninguna de estas autoridades ha tenido tiempo, humor, ganas reales de darse una vuelta por Bonfil. Menos todavía fueron al concierto que vació esta población como si hubiese habido una emergencia nacional.
Es decir, el ejido Alfredo V. Bonfil, que lleva el nombre del líder campesino muerto en un accidente de aviación en los principios de la historia de Cancún, cuando no se esperaba que la población rebasara los cincuenta mil habitantes. Cuando esta tierra parecía más de omisión que de promisión, cuando nadie pensó que sería el paraíso para los narcotraficantes.
O sea por la zona colindante, apenas unos kilómetros, al aeropuerto internacional. Población situada, estratégicamente, entre las escuelas de lujo y las agencias de automóviles de mayor lujo. A escasos minutos del centro de Cancún. No se les ha ocurrido, autoridades federales que son, autoridades locales que dicen ser, responsables del combate al crimen que deberían ser, darse una vuelta por esa "colonia" que se ha convertido en tierra de nadie, donde las mansiones, las casas con bardas, el dinero no se puede ocultar. Como tampoco las "trocas", camionetas último modelo con los vidrios polarizados estacionadas en calles sin pavimentar, sin nombre, sin número. Ellos no han comprobado el disgusto de quienes ahí viven, o se esconden, tal vez ambas cosas, no han confrontado las caras fruncidas frente a los extraños, ni tampoco saben de los usos y costumbres de Ciudad Juárez transportados a Quintana Roo sin concesión, sin cambio alguno.
Y aquí vive Clemente Soto. Que dicen los que saben que no tiene orden de aprehensión en su contra.
Que nadie parece interesarse en su persona. Ni en su lujosa residencia, menos todavía en aquella historia de la pistola tachonada de brillantes con la que amenazó a un desmañanado policía de tránsito que no supo lo que hizo, con la que pudo salir de las oficinas de la PGR impunemente no obstante el calibre 45, menos todavía el sentido común que lo relacionaba directamente con el Cartel de Juárez. No se diga ya la camioneta con placas de Chihuahua que estaba en el corralón, o los vehículos estacionados en una residencia de la zona hotelera que el diario Por Esto diese a conocer.
¿A quién interesan estos detalles?
¿Quién tendría el tiempo, el humor disponibles para ir al espectáculo de Los Tigres del Norte? ¿Tiene traducción alguna escuchar a miles de jóvenes corear canciones que hablan de la vida en la frontera norte? O darse una vuelta por las playas públicas y verlos, caminando vestidos, en sus usos de "cholos", en sus cortes de pelo y pantalones amplios, en sus acentos, en su ajenidad profunda con esta frontera sur.
¿Para qué sirve enterarse de tanto? Que en Quintana Roo es un ejercicio tan sencillo que solamente quienes no quieren saber, detrás de sus insignias y sus poderes sexenales, pueden ignorar la realidad. Saberlo, comprobar que en lugar de cambiar todo parece empeorar en la más aterradora impunidad puede no ser útil para el ciudadano. Tal vez solamente sirva para escribir como se pierden las batallas.
Guerra que se pierde cotidianamente. Batallas en que ha sido derrotado el estado de derecho. No obstante el cambio de estafeta, con nuevos rostros detrás del uniforme militar que como sus antecesores pasarán sin pena alguna por esta comisión, excepción siempre del general Polito que tanto combatió el narcotráfico. No se diga los recién desempacados, una vez más el discurso de combate a la corrupción, funcionarios de la PGR que tampoco, como los que se fueron antes, como los que ahora se van, querrán saber de las tienditas, de los colombianos, de los cubanos (¿O tal vez debería decir del "Cubano", del "Colocho" así con mayúsculas? ¿Por qué tanto miedo a ponerle nombres y apellidos que son del dominio público?), de las ejecuciones, de lo que sucede en el mar cada noche sin luna. Y eso que no nos metemos con la próspera industria del lavado de dinero.
Debo admitir, porque no sería honesto negarlo, que Los Tigres del Norte tienen un encanto muy especial. Y que la rechifla al Presidente Municipal de Benito Juárez, hermano de quien estuviese tanto tiempo señalado en el expediente Cancún, fue de antología.

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