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6 de octubre del 2008
LOS EXCESOS POR MARGARITA
EMPUJONES, CERCOS, BARRICADAS, MAJADERIAS, FALTA DE SEGURIDAD POR LA PRESENCIA DE LA SEÑORA CALDERON EN CHICHEN-ITZA
Chichén-Itzá, Yucatán.- La lluvia no fue la maldición de la noche sino los hombres de guayabera y audífono, los del escudito, los de las pistolas, los del corte de pelo militar, y los otros. Es decir, los guardias locales que son, simplemente, una versión grotesca de lo anterior en colores chillantes. Todos estaban ahí, sin invitación, sin pagar el boleto de la zona “VIP”, sin necesidad además. Y, lo peor de todo, sin dotar de seguridad al concierto de Plácido Domingo en la zona arqueológica. Porque, tan elemental que parecería estupidez, los automóviles que tenían cartulina para los estacionamientos del hotel Mayaland, todos los que pagaron diez mil pesos por boleto, no fueron revisados después de pasar diez “retenes” paramilitares y de identificarse cuarenta veces en los atascones de tráfico más violentos. Y las bolsas de las mujeres, como lloviznaba, junto a los detentores de metales eran aventadas sin la mínima revisión. O sea que lo que pudo abundar fueron las pistolas, las armas largas, las granadas. Facilito… Todo por la presencia de una mujer que quería escuchar el concierto de Plácido Domingo como cualquier mortal y que, estoy segura, no se enteró de lo que ocasionó su paso. Margarita Zavala de Calderón llegó al hotel Mayaland, donde solamente estaban los que habían pagado diez mil pesos por boleto, los que ya habían sido humillados con revisiones poco eficientes pero muy majaderas, después de que doce o catorce “responsables de su seguridad” aventasen literalmente a todos por su paso exigiendo que se retirasen como si su olor, su cercanía fuesen a ofenderla. Federales y locales, Estado Mayor Presidencial y los señores, así se dicen ellos, de la gobernadora manotearon sobre los invitados como si fuésemos bueyes. Junto a ella, tímida, la secretaria de Educación debía acelerar el paso aunque faltaban dos horas para el concierto. Y la gobernadora… dicen que buscaba a todos los brujos de Yucatán para conjurar la lluvia pero lo cierto es que le valió sombrilla la llegada de la esposa del Presidente de la República. ¿Para que llevar a la señora Calderón a un evento público, donde había un coctel de recepción incluido en la tarifa, horas antes si se trata de aislarla? Más grave aún, por qué sentarla en la fila “I”, a medio sillerío si por ello se colocaron cordones que impedían el natural, necesario paso de los asistentes en busca de su lugar. Peor, vaya que duele la comparación, de lo que sucedía en los tiempos de “Doña Carmen”. Tan simple que hubiese sido colocarla lejos, en la primera fila donde nadie hubiese tenido necesidad de ser ofendido. Todo el auditorio, improvisado de cara a la majestuosa pirámide, desquiciado por la presencia de quien no quiere llamar la atención. Nadie podía levantarse de sus asientos ni para ir al baño, nadie podía cruzar de su fila
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